Seguramente hayamos escuchado a algún amigo o familiar hablar sobre las bondades de la dieta cetogénica de cara a bajar el peso corporal o para regular la saciedad, pero pocos saben que este tipo de alimentación podría ayudarnos con el tratamiento de ciertas patologías.

Hoy os presentamos este post de nuestro blog de nutrición en el que queremos resumir estas aplicaciones o bondades no farmacológicas que podría tener este tipo de dieta en diferentes contextos.

¿Qué es la dieta cetogénica?

La dieta cetogénica o dieta keto consiste, en términos generales, en una dieta con un contenido alto en grasas y bajo en carbohidratos, llegando el consumo de estos últimos a suponer menos de 60-80 g netos diarios. Debemos tener en cuenta que estos hidratos de carbono netos serán los hidratos de carbono totales presentes en el alimento menos los gramos de fibra que contenga el mismo.

Como nutricionistas, queríamos comentar que a los pocos días de comenzar esta dieta, se desencadenará un cambio a nivel sistémico en el metabolismo de la glucosa, cuyo papel energético pasará a un segundo plano, priorizándose las grasas como principal fuente de energía. A raíz de esta movilización de grasas (lipólisis), se generarán cuerpos cetónicos (CC), como la acetona, el acetoacetato y el β-hidroxibutirato como sustratos energéticos alternativos para los tejidos.

que es la dieta cetogénica y como puede ser utilizada en casos clínicos

Por otro lado, debemos destacar que en condiciones normales la glucosa es la principal fuente energética para nuestro cerebro, sin embargo, tras 3-4 días el sistema nervioso central debe encontrar una fuente alternativa de energía, que serán estos CC. A este proceso de generación de CC se le conoce como cetogénesis y ocurre fundamentalmente a nivel de la matriz mitocondrial del hígado, quien por otro lado es incapaz de utilizarlos.

¿Para qué sirve la dieta cetogénica?

Entre las ventajas que podríamos obtener de una dieta cetogénica bien pautada encontramos:

  1. Pérdida de grasa visceral y subcutánea
  2. Mayor sensibilidad a la insulina
  3. Fatiga central disminuida
  4. Mejora de las funciones cognitivas
  5. Mejor salud intestinal
  6. Menor presencia de especies reactivas de oxígeno (ROS) y estrés oxidativo

En cuanto a algunas de las ventajas que se exponen, no se han encontrado beneficios de este tipo de dieta frente a las de una dieta omnívora que provoque un déficit calórico en la persona que la sigue.

Existen muchas variantes de esta dieta. Tradicionalmente, la dieta cetogénica se ha considerado difícil de mantener a largo plazo, especialmente por lo restrictivo de la misma, aspecto que puede resultar poco apetecible para el paciente y que afecta a la adherencia del mismo al plan nutricional.

Debemos considerar la «cetosis terapéutica” como una forma de terapia metabólica, es decir como un proceso fisiológico y no patológico en la que, mediante la generación de sustratos energéticos alternativos, se generarán cambios en distintas rutas metabólicas y se estimulará la autofagia. La autofagia es un proceso que se activa bajo condiciones de inanición entre otras, y que conlleva la degradación de estructuras dañadas por parte de la propia célula. Es decir, es el autoconsumo de tóxicos de la célula que se “limpia” a si misma.

Como la dieta cetogénica puede aplicarse a casos clínicos para su mejora

A través de estos cambios metabólicos, mejora el metabolismo cerebral y la producción de ATP por parte de la mitocondria. Además, debemos destacar la disminución de la producción de especies reactivas de oxígeno (ROS), los efectos antioxidantes, la disminución de la respuesta inflamatoria y la mayor actividad de los factores neurotróficos (factores que favorecen la supervivencia de las neuronas).

Por último, queremos destacar que entre los posibles efectos secundarios de este tipo de dieta encontramos la llamada “gripe keto”, que no es más que un cuadro que cursa con dolor de cabeza, náuseas, irritabilidad, calambres musculares, palpitaciones y mareos. Esta “Gripe Keto” se da fundamentalmente por un desbalance electrolítico o deshidratación. Es por ello que será muy importante durante todo el proceso mantener una hidratación adecuada y un correcto aporte de electrolitos, prestando especial atención al sodio, al potasio y al magnesio.

Como comentábamos al principio, popularmente esta dieta se vincula a una terapia orientada a la pérdida de peso de una manera rápida y efectiva, modulando la saciedad y facilitando el déficit calórico que provoca la pérdida de peso. Sin embargo, hoy sabemos que sus aplicaciones van más allá, presentando aplicaciones terapéuticas en múltiples patologías neurodegenerativas. A continuación, explicaremos brevemente algunas de ellas.

Dieta keto y epilepsia refractaria (ER)

Se conoce como epilepsia refractaria a aquel cuadro epiléptico en el que los pacientes son resistentes al tratamiento farmacológico con anticonvulsivantes, representando un 30% de los pacientes de esta patología.

Dentro de las alternativas de tratamiento a la epilepsia reflactaria, se incluyen la estimulación del nervio vago, fármacos anticonvulsivantes de nueva generación, estimulación cortical y la dieta cetogénica.

La dieta cetogénica es una de las terapias no farmacológicas más difundidas en relación a esta patología, siendo utilizada desde 1920, aunque ya existen registros de que el ayuno permitía el control de las crisis convulsivas ya desde la era Hipocrática (460 a.C.- 370 a.C.).

Así, la dieta cetogénica ha probado ser una herramienta terapéutica eficaz y segura en el tratamiento no farmacológico de la ER, aunque hasta la fecha no están del todo claro los mecanismos a través de los cuales la cetosis ejerce sus efectos anticonvulsivantes. Para valorar dicha eficacia se realizó en 2019 una revisión sistemática que reportó una reducción de más de la mitad de las crisis en un 85% de pacientes tras tres meses de tratamiento y demostró lograr en un 55% de los casos la desaparición completa de las mismas. Estas respuestas fueron independientes del tipo de crisis, edad y peso. De constatarse la eficacia de esta dieta, en esta patología debería mantenerse en general en torno a 2 años, aunque hay pacientes que continúan durante un periodo más prolongado. El tiempo de mantenimiento dependerá fundamentalmente del síndrome epiléptico y la etiología.

Dieta keto y Alzheimer

El Alzheimer es la enfermedad neurodegenerativa más prevalente y factor desencadenante de demencia. Sus síntomas son principalmente cognitivos, con una perdida progresiva de la memoria y cambios de personalidad. Las causas de este declive cognitivo se pueden atribuir a una progresiva disfunción sináptica, y a la consecuente pérdida de neuronas. Esta pérdida parece estar localizada en ciertas regiones cerebrales más vulnerables, entre ellas el hipocampo, que es una diana específica de la dieta cetogénica. De hecho, en casos de demencia, existen algunos estudios que destacan la efectividad de esta dieta a la hora de mejorar el rendimiento cognitivo.

Del mismo modo, estudios in vitro han demostrado que mediante la adición de cuerpos cetónicos (β-hidroxibutirato) se protegen a las neuronas del hipocampo de la toxicidad del péptido β-Amieloide, ya que se cree que es la acumulación de este último lo que inicia la cascada de efectos neurotóxicos, incluyendo la formación de ovillos neurofibrilares, así como la respuesta crónica inflamatoria, el aumento del estrés oxidativo, que en definitiva lleva a una disfunción mitocondrial.

Hay que destacar que la inflamación y el estrés oxidativo son dos factores esenciales en la neuropatología del Alzheimer, ya que son mecanismos neurotoxicos subyacentes que llevan a una perdida neuronal, que está presente en las regiones cerebrales responsables de la memoria y el procesamiento cognitivo. Esto lleva a la liberación de citoquinas proinflamatorias, óxido nítrico (NO) e inhibición de neurotrofinas, resultando en un daño de los tejidos adyacentes. La dieta cetogénica actúa frenando estos mecanismos neuroinflamatorios a través de diversas vías, como por ejemplo, mediante la inhibición de ciertos factores que determinan una regulación a la baja de la COX2, así como de la expresión de la óxido nítrico sintetasa, además de verse reducida la actividad de distintas citoquinas proinflamatorias (IL1, IL6, TNF- α…).

Por último, como hemos dicho anteriormente, la disfunción mitocondrial y el estrés oxidativo desempeñan un papel importante en la neurodegeneración. Se sabe que ambos procesos generan mayores concentraciones de Radicales Libres de Oxígeno (ROS), que son perjudiciales para todas las macromoléculas celulares, incluyendo daños en ácidos nucleicos, lípidos y proteínas. Por lo tanto, la DC puede proporcionar un beneficio neuroprotector al mejorar la función mitocondial a través de los cambios bioquímicos resultantes de la inhibición de la glucólisis (la glucosa deja de ser la fuente principal de energía) y el aumento de la formación de cuerpos cetónicos

Dieta keto y Parkinson

La patogénesis de la enfermedad de Parkinson (EP) sigue sin estar clara, pero numerosos estudios sugieren que la causa principal es la degeneración de neuronas dopaminérgicas en la sustancia negra, lo que conduce a anomalías del movimiento y, cada vez más, a trastornos de la cognición y de otras funciones corticales. Se ha sugerido que una alteración de la función mitocondrial que afecta a la sustancia negra desempeña un papel importante en el inicio y la progresión de la EP.

Como en el caso de otras enfermedades mencionadas, los efectos positivos de la dieta cetogénica en la función mitocondrial podrían ser un factor clave en la utilización de dicha dieta, ya que las cetonas pueden evitar el defecto en la actividad de ciertos complejos implicados en la EP.  De esta forma, se ha visto que la infusión de ácido 𝛽-hidroxibutírico en ratones protege del envejecimiento, de la neurodegeneración dopaminérgica y de los déficits motores en esta patología.

Cabe destacar que existe cierta controversia en cuanto al tipo de estrategia nutricional más adecuada, ya que, por un lado, una dieta baja en grasas y alta en carbohidratos puede facilitar el paso del precursor de la dopamina (DA), la tirosina, al liquido cefalorraquídeo y/o desencadenar un aumento de la DA cerebral inducido por la insulina. Además, un aumento de la fibra dietética podría mejorar la fermentación de los ácidos grasos neuroactivos en el intestino, lo que podría, en teoría, afectar la motilidad intestinal en la EP.

Por otro lado, se han demostrado defectos en la actividad del complejo I de la cadena respiratoria de la sustancia negra y en la corteza frontal de personas con EP. A este respecto, la dieta cetogénica podría jugar un papel clave, ya que las cetonas generadas pueden evitar el defecto en la actividad de dicho complejo. Apoyando esta teoría, existen estudios que han demostrado que los seres humanos capaces de adherirse a una dieta cetogénica durante 28 días, generarán altos niveles de CC que estarán relacionados con una mejora en las puntuaciones de la Escala Unificada de Calificación de la Enfermedad de Parkinson.

Dieta keto y esclerosis múltiple

La esclerosis múltiple (EM) es la enfermedad crónica autoinmune más común del SNC, afectando a millones de personas en todo el mundo. Lleva a una neurodegeneración y es una de las principales causas de discapacidad progresiva y jubilación anticipada en adultos jóvenes.

Actualmente no hay cura para la EM, pero sí muchas terapias inmunomoduladoras para frenar la progresión de la enfermedad. Sin embargo, todas ellas suelen tener efectos secundarios y los pacientes pueden responder de forma muy variada ante la misma, dada la compleja etiología de la enfermedad. Está ampliamente aceptado que existe una combinación de susceptibilidad genética y factores ambientales como responsables de la EM. El hecho de que la nutrición se encuentre entre estos factores se sustenta en el hecho de que la EM es más frecuente en países occidentales que en aquellos menos desarrollados. Hay que tener en cuenta, que una alimentación alta en carbohidratos refinados causará mayores picos postpandriales en la secreción de insulina y una mayor inflamación en comparación con una dieta alta en fibra y vegetales. De hecho, hay hallazgos que demuestran que la resistencia a la insulina parece ser más frecuente en pacientes con esclerosis que en sujetos control, y se asocia con mayores puntuaciones en la Escala de Estado de Discapacidad Expandida.

Existe además un hipometabolismo cerebral de la glucosa en estos pacientes, que podría reflejar una disfunción mitocondrial de las neuronas cerebrales.

De esta forma, una reducción en la ingesta calórica y/o en la ingesta de carbohidratos disminuirán tanto los niveles de glucosa como de insulina y aumentarán la producción de cuerpos cetónicos, lo cuales podrían resultar incluso más eficientes que la glucosa en la generación de energía en estos pacientes, además de facilitar la regeneración de los axones desmielinizados. Del mismo modo, modelos actuales probados con ratas parecen demostrar que la dieta cetogénica podría atenuar la lesión neuronal a través de la autofagia.

Por otro lado, el microbioma intestinal se asocia a muchos estados de enfermedad, incluidas las enfermedades autoinmunes como la EM, y es que este está estrechamente relacionado con nuestro sistema inmunitario y las respuestas inflamatorias. De hecho, estudios recientes muestran que la disbiosis en la microbiota ocurren con frecuencia en estos pacientes. La DC podría afectar positivamente a la misma al aumentar la diversidad microbiana.

Dieta keto y esclerosis lateral amiotrófica (ELA)

La ELA es una enfermedad neurodegenerativa progresiva que afecta a motoneuronas corticales y espinales, llevando a una debilidad progresiva y a la pérdida de músculo esquelético, hasta conducir a la muerte, generalmente por parálisis respiratoria. Actualmente no existe ningún tratamiento efectivo para curar esta condición. Sus causas son multifactoriales, abarcando tanto factores genéticos como ambientales.

Al igual que otros procesos neurodegenerativos, el papel de las mitocondrias se ve comprometido, lo que hace de la dieta cetogénica una herramienta prometedora para el tratamiento de la misma habiendo ya estudios, principalmente en animales, que respaldan su efectividad. En este sentido, dada la fuente alternativa de energía que suponen los cuerpos cetóncicos a nivel mitocondrial en las neuronas, estos se consideran que tienen importantes efectos neuroprotectores.

Ya en estudios publicados en 2006 se observó como las motoneuronas se preservaban al administrar una dieta cetogénica en ratones, que se asoció a un mayor mantenimiento del rendimiento motor con respecto a los ratones de control que seguían una dieta omnívora isocalórica. Por otro lado, los efectos antioxidantes de esta dieta ayudarán a paliar los efectos de los ROS.

En cuanto a la excitabilidad del glutamato evidenciada en esta enfermedad, la dieta cetogénica reduce sus niveles. Así, los niveles de glutamato en la hendidura sináptica se pueden regular, al reducir la hiperexcitabilidad y la inflamación, lo cual mejoraría el curso de la enfermedad.

En cuanto a las alteraciones energéticas como consecuencia del mal funcionamiento mitocondrial en pacientes con ELA, la dieta keto aumenta la correcta actividad mitocondrial y la adecuada producción de energía, posiblemente debido a su capacidad de restaurar la actividad del complejo I de la cadena de electrones.

Dieta keto y glicogenosis

Las glicogenosis (GSD) son un grupo de trastornos hereditarios debidos a defectos enzimáticos que afectan al metabolismo del glucógeno y conducen a una acumulación intracelular del mismo en gran variedad de células. Clásicamente, las GSD se han enumerado de I a VIII, de acuerdo a la cronología de su descubrimiento y al defecto enzimático concreto. Todas ellas son transmitidas de forma autosómica recesiva, a excepción de la GSD VIII cuya transmisión esta ligada al cromosoma X.

Desde un punto de vista funcional las GSD I, III, IV, VI y VIII pueden clasificarse como GSD hepáticas, ya que las enzimas defectuosas se expresan fundamentalmente en células hepáticas. Dado el papel del hígado en la regulación de la glucemia, no es de extrañar, que la hipoglucemia sea una de las principales manifestaciones de estas patologías. Esto a su vez, provoca síntomas neurológicos que van desde convulsiones hasta crisis epilépticas.

Hasta ahora la terapia para este grupo de patologías ha consistido en una terapia dietética para prevenir la hipoglucemia, alimentando a los pacientes con alimentos ricos en almidones. Sin embargo, la justificación científica en el uso de la dieta cetogénica reside en la observación de que los síntomas relacionados con la hipoglucemia mejoraban con la edad. Esta observación se ha interpretado como una consecuencia de las adaptaciones que tienen lugar en el cerebro y que permiten un mayor uso de cuerpos cetónicos como sustratos energéticos alternativos a la glucosa. De esta forma, mediante la aplicación de una dieta cetogénica se aumentaría la utilización por parte del cerebro de vías del metabolismo energético independientes de la degradación del glucógeno.

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