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Estudios epidemiológicos asocian el consumo elevado de fructosa (sobre todo en forma de azúcar) con obesidad, diabetes, síndrome metabólico y esteatosis hepática.
En estos casos, la educación nutricional del paciente es fundamental para que este conozca que grupos de alimentos puede consumir y cuales debe evitar con la finalidad de que la alimentación no sea perjudicial para su salud.
El consumo de gluten en personas que padecen celiaquía produce una reacción del sistema inmune que provoca inflamación, atrofia de las vellosidades e hiperplasia folicular en el intestino delgado. La reducción de la cantidad de las vellosidades intestinales, a causa de la ingestión de gluten, va a provocar una disminución de la superficie de absorción intestinal originándose así la malabsorción de nutrientes.
En cuanto los síntomas, los niños suelen presentar evacuaciones frecuentes de olor intenso, pálidas y espumosas, diarrea, irritabilidad, distensión abdominal, vómitos, anemia, pérdida de peso, entre otros. En relación con adultos, en general la sintomatología suele ser más ligera, presentando diarrea, pérdida de peso, anemia y algunos casos estreñimiento.
La dieta sin gluten es curativa y debe ser un cambio definitivo. Las células superficiales de la mucosa se sustituyen cada cinco días, la inflamación se reduce en unos catorce días y las vellosidades mejoran entre seis meses y cinco años de tratamiento dependiendo del grado de la lesión.
Otro problema frecuente en esta patología es la contaminación cruzada, es decir, contaminar un alimento que no contiene gluten con otro que sí lo contiene. Por ello, no se deben utilizar los mismos utensilios de cocina, ni las mismas superficies de trabajo cuando se cocinan alimentos con gluten y sin gluten para personas celíacas, si no se limpian correctamente antes de su uso.
En cuanto a la ganancia de peso durante el embarazo, ésta se debe a que durante el embarazo se favorece la síntesis de nuevos tejidos como son la glándulas mamarias, engrosamiento del tejido uterino, aumento del tejido adiposo y desarrollo del feto y de la placenta. La acumulación de masa grasa es necesaria para favorecer el correcto crecimiento del bebé durante el embarazo y la lactancia.
Ahora bien, cabe destacar que aunque el aumento de peso es necesario, este debe ser controlado. La ganancia de peso media que se recomienda a lo largo de los 9 meses de embarazo son de entre 9 y 12 kg, pero esto depende mucho de cada situación y de la persona.
Durante la gestación, además de aumentar las necesidades calóricas, también aumentan los requerimientos de vitaminas y minerales.
En el primer trimestre no es preciso consumir calorías adicionales, pero si es importante comer bien para asegurar las reservas de nutrientes y prevenir complicaciones.
A partir del segundo trimestre se aconseja incrementar las calorías entre 300-500 kcal/día.
En el tercer trimestre se mantiene la subida de calorías, pero asegurando alimentos con alto contenido en proteínas (1-1,5g/kg peso/día) que son necesarios para el desarrollo estructural del feto.
En cuanto a las vitaminas se da especial importancia al ácido fólico (prevenir defectos en el tubo neural), vitamina D (aumenta absorción de calcio), vitamina B6 (desarrollo sistema nervisoso y crecimiento del feto), vitamina B12 (formación espina bífica) y vitamina C (crecimiento y reparación de tejidos del feto, también mejora absorción del feto).
Por otro lado, los minerales en los que más incapié se hacen durante el embarazo son hierro (el volumen sanguíneo de la madre está aumentado y pérdidas de sangre en el parto), calcio (salud ósea materna y fetal) y yodo (síntesis de hormonas tiroideas).
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la lactancia exclusiva materna como mínimo durante los primeros 6 meses de vida del bebé.
En cuanto a los beneficios de la lactancia en la madre encontramos disminución del sangrado postparto, ayuda a que el útero vuelva a su estado normal, protege contra cáncer (ovario, mama y útero), ayuda a eliminar las reservas de grasas acumuladas durante el embarazo y también disminuye el riesgo de síndrome de la depresión postparto.
En relación a las calorías, en los 6 primeros meses después del parto se producen unos 750 ml de leche al día. La energía requerida para producir un litro de leche se estima que son aproximadamente 700 kilocalorías. Así pues, el consumo calórico materno recomendado durante la lactancia es de 2300-2500 kcal/día para el caso de alimentar a un hijo y en el caso de gemelos o mellizos de entre 2600-3000 kcal/día. Es importante adaptar las calorías de forma individualizada a cada mujer.
A diferencia de las vitaminas, la mayoría de los minerales no parecen estar correlacionados con la ingesta materna, excepto el hierro y yodo. Además de estos minerales también son importantes el calcio, selenio y zinc durante la lactancia.
La teoría patogénica más aceptada es la del doble impacto, en el que la acumulación de ácidos grasos en cada una de estas dos fases desempeña un papel fundamental. En relación esto, el primer impacto sería una resistencia a la insulina periférica con resultado de acumulación de grasa en el hígado y para el paso de esteatosis a esteatohepatitis sería necesario un segundo impacto en el que la acumulación de ácidos grasos daría lugar a estrés oxidativo, inflamación, necrosis y fibrosis.
Comúnmente, los pacientes son diagnosticados inicialmente por elevaciones medias de las aminotransferasas (ALT y AST), la fosfatasa alcalina (FA) y la gamma-glutamil transferasa en suero; siendo el ultrasonido la técnica no invasiva más utilizada en la actualidad y con cierto grado de confianza. Además, a medida que incrementa la severidad de la enfermedad, se ha observado un concomitante aumento en la AST, al igual que en la proporción de AST/ALT. También pueden presentar una ligera elevación en hierro, ferritina y respuesta positiva para autoanticuerpos antinucleares y antimúsculo liso.
Los pacientes que padecen esteatosis en su mayoría padecen sobrepeso/obesidad por lo que el tratamiento va encaminado fundamentalmente a la pérdida de peso, puesto que así se va a reducir la grasa acumulada en el hígado. Aquí es donde entra en juego el papel tan importante de la alimentación, puesto que una alimentación incorrecta es uno de los factores más importantes del desarrollo y progresión del hígado graso no alcohólico.
En cuanto a la composición de la dieta en esteatosis hepática, para la pérdida de peso de pacientes con obesidad se recomienda reducir la ingesta calórica. Algunos estudios muestran que la reducción de 500 kcal al día, consiguen disminuir los niveles de transaminasas y la resistencia a la insulina en pacientes obesos con esteatosis.
Hay dos tipos de hernia de hiato, la hernia de hiato por deslizamiento (la más frecuente) y paraesofágica. La hernia por deslizamiento se debe al deslizamiento del estómago a través del diafragma (músculo que separa el tórax del abdomen); esto causa una gran abertura en el diafragma (hiato) a través de la cual el esófago se une con el estómago. En la hernia paraesofágica, la unión entre el esófago y el estómago sigue en su posición normal debajo del diafragma, pero en este caso parte del estómago pasa a través del hiato por encima del diafragma y se sitúa al lado del esófago.
Algunos consejos que se ofrecen al paciente con la finalidad de aliviar los síntomas de reflujo gastroesofágico o pirosis son:
El síndrome de intestino irritable (SII) es un trastorno gastrointestinal (GI) funcional que se caracteriza por la presencia de dolor abdominal recurrente asociado a alteraciones del ritmo en las deposiciones, ya sea en forma de estreñimiento, de diarrea, o de ambas. Síntomas como la hinchazón o distensión abdominal son muy frecuentes en el SII.
Algunos ejemplos de alimentos que contienen FODMAP son: