Por qué cuesta más perder peso a partir de los 40 (y qué hacer)

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Perder peso a partir de los 40 cuesta más por la pérdida de músculo, el descanso, el estrés y las hormonas. Te explicamos qué cambia y qué hacer.

Perder peso a partir de los 40 cuesta más porque cambian varias cosas a la vez: se pierde masa muscular de forma gradual, nos movemos menos sin darnos cuenta, el sueño y el estrés suelen empeorar y, en las mujeres, llegan los cambios hormonales de la perimenopausia. No es que el metabolismo «se rompa»: es que lo que funcionaba a los 25 deja de ser suficiente. Casi todos esos factores se pueden trabajar con alimentación, ejercicio de fuerza y descanso.

¿Es verdad que el metabolismo se ralentiza a los 40?

Es una de las ideas más repetidas, y conviene matizarla. Investigaciones recientes sugieren que el gasto energético, cuando se tiene en cuenta el tamaño y la composición del cuerpo, se mantiene bastante estable durante buena parte de la vida adulta y desciende sobre todo en edades más avanzadas. Lo que sí cambia antes es la composición corporal —menos músculo, más grasa— y el nivel de actividad diaria.

La diferencia es importante. Si el problema fuera un metabolismo «averiado», poco se podría hacer. Si el problema es que hay menos músculo, menos movimiento y peor descanso, hay margen de actuación, y es justo ahí donde merece la pena poner el foco.

Qué cambia realmente a partir de los 40

Se pierde masa muscular

A partir de la mediana edad, si no se hace nada para evitarlo, el cuerpo tiende a perder músculo de forma lenta y progresiva. El músculo es un tejido activo: consume energía, ayuda a regular la glucosa y condiciona cuánto nos movemos. Menos músculo significa, con el tiempo, menos gasto y más facilidad para acumular grasa, aunque el peso en la báscula apenas varíe.

Nos movemos menos sin darnos cuenta

Trabajos sedentarios, más horas de coche, menos tiempo libre. Buena parte de la energía que gastamos no procede del gimnasio, sino del movimiento cotidiano: caminar, subir escaleras, hacer recados, estar de pie. Ese movimiento suele reducirse con los años sin que lo notemos, y su efecto acumulado es considerable.

Dormimos peor y vivimos con más estrés

Responsabilidades laborales, hijos, padres mayores. Dormir poco o mal altera las señales de hambre y saciedad y aumenta la apetencia por alimentos muy calóricos. El estrés sostenido, además, favorece comer de forma más desordenada y recurrir a la comida como alivio. Ninguna dieta compensa bien un descanso deficiente.

Cambios hormonales

En las mujeres, la perimenopausia puede empezar en la década de los 40. El descenso de los estrógenos favorece que la grasa se acumule más en la zona abdominal y facilita la pérdida de músculo. Lo explicamos en detalle en Por qué engordas en la perimenopausia (y qué hacer según la evidencia). En los hombres también hay cambios hormonales con la edad, más graduales.

El historial de dietas y la salud

Muchas personas llegan a los 40 tras años de dietas restrictivas y efecto rebote, que suelen dejar menos músculo y una relación más complicada con la comida. Además, algunos problemas de salud y ciertos medicamentos pueden influir en el peso. Si notas cambios sin una causa clara, conviene comentarlo con tu médico.

Los errores más frecuentes al intentar perder peso a los 40

  • Comer cada vez menos. Los recortes drásticos aceleran la pérdida de músculo, aumentan el hambre y son difíciles de mantener.
  • Hacer solo ejercicio cardiovascular. Caminar o correr es saludable, pero sin trabajo de fuerza es más difícil conservar el músculo.
  • Eliminar grupos enteros de alimentos. Quitar los hidratos de carbono o las grasas «por sistema» no es necesario y suele empeorar la adherencia.
  • Fiarlo todo a la báscula. El peso no distingue entre grasa, músculo y líquidos. Se puede mejorar la composición corporal sin grandes cambios en la cifra.
  • Compararse con los 25. El cuerpo, los horarios y las responsabilidades son otros. La estrategia también debe serlo.

Qué hacer: claves que funcionan a partir de los 40

Prioriza la proteína y repártela a lo largo del día

La proteína ayuda a conservar la masa muscular y es el nutriente que más sacia. Es preferible que esté presente en todas las comidas principales —huevos, pescado, legumbres, lácteos, carnes magras, tofu— y no concentrarla solo en la cena. La cantidad adecuada depende de cada persona y debe ajustarla un profesional.

Entrena fuerza

Es probablemente el cambio con más impacto. El entrenamiento de fuerza —con pesas, máquinas, gomas o el propio peso corporal— ayuda a mantener y ganar músculo, protege el hueso y mejora la sensibilidad a la insulina. No hace falta empezar con mucho: dos o tres sesiones semanales bien planteadas, a ser posible con supervisión al principio, marcan la diferencia.

Llena el plato de verduras y fibra

Verduras, frutas, legumbres y cereales integrales aportan volumen y saciedad con pocas calorías, y ayudan a controlar la glucosa. Que la mitad del plato sean verduras es una referencia sencilla. Si te interesa este punto, en Resistencia a la insulina en la menopausia: qué comer y qué evitar lo desarrollamos.

Déficit moderado, no dietas agresivas

Para perder grasa hace falta un cierto déficit de energía, pero moderado y sostenible. Los planes muy bajos en calorías pasan más factura a partir de los 40, precisamente porque comprometen el músculo. Es preferible avanzar despacio y conservar lo conseguido. En Cómo perder peso en la menopausia sin pasar hambre explicamos cómo plantearlo.

Cuida el sueño y el estrés

Horarios regulares, cenas ligeras, menos pantallas por la noche y limitar el alcohol y la cafeína por la tarde ayudan a descansar mejor. Gestionar el estrés no es un lujo: influye directamente en cómo y cuánto se come.

Muévete más durante el día

Además del ejercicio planificado, suma movimiento cotidiano: ir andando, usar las escaleras, levantarte con frecuencia si trabajas sentado. Son gestos pequeños que, mantenidos, cuentan mucho.

¿Cuánto peso se puede perder y en cuánto tiempo?

No hay una respuesta válida para todo el mundo. Depende del punto de partida, de la salud, del historial de dietas, del descanso y de la constancia. Lo razonable es desconfiar de los plazos cerrados y de las promesas de resultados rápidos. A partir de los 40, el objetivo más interesante no suele ser solo bajar kilos, sino perder grasa conservando músculo, y eso requiere tiempo y un plan adaptado.

Cuándo consultar con un profesional

Si llevas tiempo intentándolo sin resultados, si encadenas dietas y rebotes, si tienes alguna patología, tomas medicación o estás en la perimenopausia, el acompañamiento de un dietista-nutricionista ayuda a dejar de dar palos de ciego. Un plan personalizado tiene en cuenta tu composición corporal, tus analíticas si las hay, tus horarios y tus gustos, y se ajusta con el tiempo.

Preguntas frecuentes

¿A qué edad se ralentiza el metabolismo?

Menos pronto de lo que se cree. Los estudios recientes apuntan a que el gasto energético, ajustado por la composición corporal, se mantiene bastante estable durante gran parte de la vida adulta. Lo que cambia antes es la masa muscular y el nivel de actividad, y ambos se pueden trabajar.

¿Es más difícil perder peso a los 40 para las mujeres?

En muchas mujeres coincide con la perimenopausia, que favorece la acumulación de grasa abdominal y la pérdida de músculo, por lo que puede resultar más difícil. No es imposible, pero suele requerir una estrategia distinta a la de etapas anteriores.

¿Qué ejercicio es mejor para perder peso a partir de los 40?

La combinación de entrenamiento de fuerza y actividad diaria, como caminar. La fuerza ayuda a conservar el músculo y el movimiento cotidiano aumenta el gasto. El mejor plan es el que se puede mantener; si hay lesiones o patologías, conviene consultarlo antes con un profesional.

¿Funcionan el ayuno intermitente o las dietas bajas en hidratos a esta edad?

A algunas personas les resultan útiles y a otras no. No han demostrado ser superiores a otros enfoques cuando se igualan las calorías, y lo que más influye es poder mantener el plan. Conviene valorarlo de forma individual con un dietista-nutricionista.

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Este artículo tiene fines informativos y no sustituye el consejo de un profesional sanitario. Consulta siempre con tu dietista-nutricionista o médico antes de hacer cambios importantes en tu alimentación.

Artículo revisado por Carlos Rodríguez Valverde, Dietista-Nutricionista colegiado nº AND-01015.

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